La salud y la enfermedad

Hace tiempo que se ha dejado de considerar la salud y la enfermedad como dos opuestos antagónicos. Uno antes estaba sano o enfermo. Y la salud era definida como la ausencia de enfermedad.

Hoy entendemos que entre estos dos extremos existe todo un continuo. De la misma manera que entre el blanco y el negro “puros” existen infinidad de grises. Esto plantea cierto problema en cuanto a qué es lo que nos va a indicar que una persona está enferma. ¿Dónde está el límite entre la salud y la enfermedad? ¿Uno está enfermo cuando se siente mal, cuando se lo dicen las personas más cercanas, cuando decide acudir a un profesional que lo diagnostica como tal...? El concepto de enfermedad queda mucho más abierto. O si queréis, mucho menos definido.

A esto hemos de añadir que cada vez más profesionales consideran que “los problemas psicológicos no son enfermedades” (Ernesto López Méndez, psicólogo y médico especialista en medicina familiar y comunitaria. Y Miguel Costa Cabanilla, psicólogo y Máster en Salud Pública. Ambos Premio cultura de la salud 2010). “La enfermedad mental no existe...”, lo que sí que existe “...es el sufrimiento humano” (J.L. Tizón, 2015; psiquiatra, psicólogo, neurólogo y psicoanalista). Es por ello que se trata de “trastornos mentales” y no de “enfermedades mentales” (el término “enfermedad” implica una causa biológica), siendo notable el efecto de estos trastornos sobre nuestra salud.

La cuestión es que todos, no solo las personas con trastornos graves, podemos hacer cosas diferentes de las habituales para vivir de una forma más saludable.

Si nos centramos en los aspectos más fisiológicos, quizás optemos por seguir los consejos de los profesionales médicos y nos esforcemos por elegir una alimentación más adecuada, hacer ejercicio, etc. Es decir, tratar de cambiar nuestros hábitos.

Pero ¿qué sucede si nuestro malestar es debido a algún aspecto que tiene que ver con nuestra forma de estar en el mundo? A veces no somos capaces de adaptarnos a las circunstancias, siempre cambiantes, de nuestro entorno. Y tendemos a actuar siempre de la misma forma ante situaciones parecidas. Sin embargo, lo que en su día nos sirvió para adaptarnos a la situación, ahora ya no nos vale. Abordamos nuevas situaciones con viejos patrones, que entonces fueron adaptativos, pero que ya no lo son. Y de ello devienen dificultades de relación con los demás; planteamientos angustiosos de nuestra realidad (con pensamientos recurrentes, problemas irresolubles, sentimientos de desesperanza…); intentos de dominar nuestras emociones constantemente; comportamientos rígidos estereotipados, etc. Maneras de vivir que nos generan ansiedad, angustia, tristeza, vergüenza, dolencias psicosomáticas…

Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) “La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual, el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.”

 

Josep Fornas, psicólogo en Vinaròs

 

Referéncias :

López Méndez, Ernesto y Costa Cabanillas Miguel (2014). Los problemas psicológicos no son enfermedades: Una crítica radical de la psicopatología. Madrid: Pirámide.

OMS. Salud mental, un estado de bienestar.

https://www.who.int/features/factfiles/mental_health/es/

Tizón, Jorge L. (2015). "Empastillados" (Empastillats). Vídeo. Entrevista. Retrats, TV3.

https://www.youtube.com/watch?v=yJspKpgOe7U