La tristeza

La tristeza como cualquier otra emoción cumple un papel fundamental en nuestra regulación y como tal no tiene nada de malo. En algunos sitios se habla de “emociones positivas” como la alegría y de “emociones negativas” como la tristeza de forma, a mi entender, un tanto ingenua calificando lo que nos gusta como positivo y lo que no como negativo.  

Sin embargo, la tristeza es un estado de ánimo que nos ayuda a superar duelos, fracasos, desilusiones y frustraciones. Cuando estamos muy tristes sentimos deseos de llorar, perdemos el apetito, alteramos nuestros patrones de sueño, nos invaden pensamientos sobre el asunto que nos aflige dificultándonos concentrarnos en otros temas, no tenemos ganas de salir ni de relacionarnos con otras personas y perdemos el interés por hacer nada.

Si os fijáis lo que sucede es que nos encerramos en nosotros mismos con el asunto que nos ha generado esta emoción, es la forma natural que las personas tenemos de asimilar y gestionar aquello que ha resultado ser un duro golpe para nosotros. Este estado peculiar de recogimiento nos ayuda bien a aceptar lo ocurrido (ej. muerte de una persona querida) bien a encaminar nuestro hacer hacia una solución (ej. pérdida de empleo), lo que nos permite superar el acontecimiento.

Muchas personas encuentran la tristeza como algo desagradable confundiéndola con el suceso que la ha producido, sin embargo, forma parte del proceso que nos permite avanzar dando paso a otras emociones que surgen ante nuevas situaciones de nuestra vida. Negar o interrumpir este proceso de forma continuada nos dificulta salir adelante, pudiendo llegar a quedarnos estancados en una depresión con el consiguiente deterioro de nuestra salud.

 

Josep Fornas, psicólogo en Vinaròs