Emociones

La emoción es una forma natural de energetizar nuestro cuerpo preparándonos para dar una respuesta a una situación concreta. Rápidamente junto con la activación fisiológica correspondiente aparece nuestra sensación de miedo, enfado, asco, amor, tristeza, alegría, sorpresa, etc.

Si bien las emociones que sentimos tienen características comunes en todas las personas, cada uno de nosotros las experimenta de una forma diferente dependiendo principalmente de las experiencias vividas, de la cultura en la que hemos crecido y de la situación concreta en la que nos encontramos.

Las emociones no se pueden anular o evitar pues surgen de manera repentina. Aunque sustancias como el tabaco, el alcohol y algunas otras drogas limitan su intensidad reduciendo nuestra sensibilidad y nuestra consciencia de ellas, causando a su vez efectos nocivos en nuestra salud.

Es imposible controlar la aparición de las emociones, si bien una vez se han presentado podemos, dentro de nuestras posibilidades, elegir qué hacer con ellas. Gestionarlas, regularlas, encauzarlas... Por ejemplo: nos dan una mala noticia y de repente nos invade la tristeza y empezamos a sentir ganas de llorar. Podemos simplemente dejarnos ir o tratar de contener nuestro llanto. También está en nuestra mano ir un paso más allá e intentar aparentar que no nos pasa nada o incluso que estamos alegres, pues igual nos encontramos en una situación en la que no creemos conveniente expresar nuestra tristeza y aguantamos nuestras lágrimas hasta que nos encontramos en un lugar más adecuado. También hay personas que intentan aparentar alegría día tras día reprimiendo durante largo tiempo su tristeza, lo que fácilmente deriva en diferentes problemas de naturaleza tanto física como psicológica.

Todas las emociones son válidas y el problema suele aparecer por no expresarlas ya que en este caso contenemos la energía activada creándonos todo tipo de tensiones cuya manifestación son los nervios, la ansiedad, el estrés, etc. que no son más que formas involuntarias que tenemos de aliviar la extrema presión a la que nos sometemos.

Por otra parte expresar espontánea y abiertamente una emoción intensa en un momento inoportuno también puede traernos problemas. Por ejemplo; gritarle al jefe cuando nos invade la ira al vivir lo que consideramos una tremenda injusticia.

De esta forma la problemática puede surgir tanto al contener y no expresar las emociones como al hacerlo de forma inadecuada. Por todo ello lo más saludable es sentir nuestras emociones, darnos cuenta de qué está pasando a nuestro alrededor para que surja esta emoción concreta precisamente en este momento y encontrar la manera más adecuada de expresarla. No olvidemos que las emociones son la forma que tenemos de saber cómo nos sienta realmente una situación determinada lo que nos proporciona información importante de lo que está sucediendo a nuestro alrededor y de cómo esto nos está afectando.

 

Josep Fornas, psicólogo en Vinaròs