Miedo y pandemia

Estamos viviendo una situación en la que se han instaurado medidas sociales preventivas que influyen radicalmente en nuestras vidas. El término pandemia (πανδημία) viene del griego antiguo παν (pan, todo) y δήμος (demos, pueblo) y hace referencia a una enfermedad infecciosa de las personas con una considerable expansión geográfica.

Debido a la amplitud de las medidas tomadas por el Gobierno y al desconocimiento del peligro es fácil que surja el miedo como emoción principal. Afortunadamente el personal sanitario y los periodistas nos mantienen informados ayudándonos a comprender lo que sucede y a saber qué medidas debemos tomar al respecto (importante seleccionar fuentes de información fidelignas para no aceptar bulos ni contribuir a expandirlos). La mayoría de nosotros no hemos vivido experiencias parecidas lo que hace que aumente la incertidumbre y la sensación de falta de control y con ellas el miedo. Como cualquier otra emoción el miedo es adaptativo, nos alerta sobre un peligro inminente y nos prepara para hacerle frente tomando las medidas adecuadas. El problema puede surgir si le damos rienda suelta y este miedo se convierte en pánico, que nos incapacita para responder con las acciones necesarias para abordar la situación. Algunas personas reaccionan ante el miedo minimizando la importancia de la situación o incluso ignorando el peligro; “no pasa nada”, “no hay para tanto” con las nefastas consecuencias que de ello se pueden derivar. Y otras lo hacen tratando de controlar la situación de forma obsesiva, con la consiguiente frustración y ansiedad que esto suscita. Quizás esta sea una buena ocasión para tomar consciencia de cómo afrontamos esta situación y en caso necesario ver si podemos modificar aquellos comportamientos que nos hacen sufrir introduciendo pequeños cambios que nos permitan sentirnos mejor. Además de miedo es fácil que sintamos soledad, rabia, aburrimiento, tristeza, angustia, estrés, etc.

Parece que se trata de una enfermedad especialmente peligrosa para aquellas personas con un estado de salud delicado (a saber, niños y ancianos con patologías previas). Para mantenerlos informados necesitamos adaptar nuestro discurso a su nivel de comprensión. Primero mejor escuchar qué entienden de lo que está pasando y comentar aquellos aspectos en los que estén confundidos con información verídica, evitando tanto saturarles como exagerar o minimizar lo que está sucediendo. Explicarles tranquila y detenidamente cómo cuidarse y protegerse, la importancia de hacerlo y cómo funcionan las medidas adoptadas. Es una buena ocasión para compartir con ellos las tareas y responsabilidades de casa y de aumentar el contacto en caso de vivir en lugares diferentes mediante la tecnología. Tener presente que muchas veces es más importante cómo decimos las cosas que el contenido de nuestro discurso, actitudes y comportamientos (gestos, tono y timbre de voz, etc.) transmiten más información que nuestras palabras.

Nuestro mundo occidental que destaca por aspectos tales como el individualismo y la competencia se ve empujado hacia la solidaridad y la colaboración. Parece un buen momento para darnos cuenta de que estamos más conectados de lo que solemos pensar y de que formamos parte de un todo llamado humanidad con problemas e intereses comunes.

Dadas las restricciones al respecto de salir de casa con objeto de limitar el contagio, durante estos días es conveniente estar en contacto (vía teléfono, videoconferencia, redes sociales, etc.) con otras personas para no sentirnos solos o aislados y hablar de temas varios procurando no centrarse en demasía en el asunto de la pandemia. Vale la pena aprovechar estas conversaciones para introducir el humor, que siempre es un buen elemento para soltar tensiones y pasar ratos agradables. Resulta importante no obsesionarse con la sobre-información y ocupar nuestro tiempo realizando tareas pendientes o que nos resulten agradables, como puede ser escuchar música, leer o ver películas o series. También podemos utilizar la tecnología para realizar tareas en grupo a distancia: juegos online, proyectos y trabajos conjuntos, etc.

En todo caso sabemos que estamos pasando por una situación de alarma pasajera que finalizará antes o después. Procuremos salir de ella reforzados como personas y como sociedad.

 

Josep Fornas, psicólogo en Vinaròs