La ansiedad

La ansiedad suele aparecer cuando una situación nos desborda y nos sentimos incapaces de hacerle frente. Nos quedamos inertes, rígidos, petrificados, mientras la excitación aumenta contenida en nuestro interior hasta alcanzar extremos insospechados que pueden terminar haciéndonos explotar.

Vivimos el peligro real de la situación y añadimos pensamientos agoreros que predestinan el desastre que nos vendrá encima. No tenemos, o creemos que no, los recursos suficientes para afrontar el problema y nos sentimos impotentes y asustados ante la enormidad del mismo.

Esta situación complicada nos provoca rabia, enfado, tristeza, dolor y miedo. Y tendemos a hacer todo lo que podemos por controlar nuestras emociones y no abandonarnos a ellas. Creemos que las consecuencias de expresar nuestro enfado y rabia serán terribles, que mostrar nuestra profunda tristeza ahuyentará a nuestros amigos, que no podremos soportar el dolor que prevemos horrible, etc. Sin embargo, las emociones son parte de nosotros, y surgen como diferentes formas de adaptarnos a la situación. Lamentablemente en nuestra sociedad hemos aprendido a temerlas y reprimirlas; quién no ha oído alguna vez frases como “no llores”, “controla tu ira”, “no estés triste”, “se positivo”, “no te enfades”, “alegra esa cara”, “no te pongas así”, etc. Es toda esta contención lo que nos genera ansiedad. Necesitamos descubrir cómo expresar nuestras emociones adecuadamente, según las peculiaridades de cada persona, para adaptarnos de la mejor manera posible a nuestro entorno. Ya que algunas formas de hacerlo pueden ser peligrosas para nosotros y para los demás, como podría ser expresar nuestra rabia a través de comportamientos violentos.

“Taponar” estas emociones que luchan por manifestarse da lugar a las sensaciones de ahogo, decaimiento, angustia, ansiedad, etc. Es decir, el dolor que tratamos de evitar se convierte en sufrimiento (dolor emocional y psíquico más intenso que conlleva malestar y desasosiego) que es vivido en forma de desesperanza, culpabilidad, dolor de estómago o de cabeza, insomnio, pensamientos obsesivos…

Aceptar las emociones y sentimientos que de forma natural nos provoca una situación difícil, y el dolor que esto conlleva, es fundamental para desbloquear el estado en el que nos encontramos. Es el dejarnos sentir dolorosamente la rabia y la tristeza lo que nos permite seguir adelante, ocuparnos de dicha situación y buscar, aprender y poner en práctica nuevos recursos para afrontarla de la mejor forma que sepamos. Esto no suele resultar fácil, sin embargo, no necesitamos hacerlo solos, y es aquí donde puede sernos de gran ayuda recurrir a un psicólogo.

 

Josep Fornas, psicólogo en Vinaròs