No todo sirve para solucionar nuestros problemas

Igual las personas cercanas a nosotros, bienintencionadas nos dicen: “No hagas eso que te hace sufrir”, “no le des más vueltas al asunto”, “piensa de forma más positiva”, “céntrate en las cosas agradables”, etc. Sin embargo, aunque a veces estas frases puedan hacernos sentir mejor, ya que nos damos cuenta de que nuestros amigos y familiares nos quieren y se interesan por nosotros, raramente suelen ser suficientes.

Otras veces alguien nos ofrece una explicación tal como: “a ti te pasa esto por aquello y lo otro”. Con lo cual, o rechazamos la explicación por parecernos disparatada. O nos quedamos pensativos... ¿sí?, ¿será verdad? O incluso, en el mejor de los casos, y si reconocemos ciertos aspectos relacionados con nuestra vida, podemos aceptar... ¡ah!, ya lo tengo. Claro, me pasa esto por eso y aquello. Ya tenemos una explicación al respecto del origen de nuestro embrollo. Sin embargo, esto tampoco suele ser suficiente como para resolver nuestro problema y el sufrimiento que conlleva.

Muchos de nosotros hemos leído alguna vez un manual de auto-ayuda. Y a veces su lectura nos ha aportado cosas interesantes. Y puede que nos haya ayudado a conocernos un poco mejor. Y hasta quizás, a introducir algún pequeño cambio en nuestra vida. Sin embargo... ¿habéis conseguido solventar con ellos algún tipo de malestar?

Algunos quizás hemos acudido a alguna terapia milagrosa de una o unas pocas sesiones. Terapias dirigidas normalmente por personas no profesionales que han realizado cursos de unos cuantos meses o fines de semana, y que raramente saben algo de psicología o psicoterapia. En realidad, no son terapias sino técnicas psico-corporales aisladas que son tomadas fuera de su contexto teórico y son aplicadas como si se tratara de una verdadera psicoterapia, con lo cual se desvirtúa el sentido de las mismas. Ya que una técnica no deja de ser eso, una técnica, que ni vale para todas las personas ni para todas las ocasiones. Estas técnicas psico-corporales suelen ser potentes, por lo que si nos sometemos a ellas es fácil que nosotros o alguno del grupo (casi siempre se practican en un contexto grupal) experimente una catarsis emocional acompañada de temblores o sacudidas nerviosas y/o llanto. Al poco nos encontramos algo mejor o incluso eufóricos, pero al cabo de un tiempo (desde unos días hasta una o unas pocas semanas) nos sentimos peor que al principio. Pues mediante estas técnicas hemos forzado nuestras formas de protegernos y nos hemos sentido expuestos, por lo que reaccionamos inconscientemente reconstruyendo de nuevo nuestras defensas, pero esta vez de forma más robusta ya que ahora sabemos que eran vulnerables. En el peor de los casos sucede que con estas técnicas se provoque una experiencia psicótica en alguno de los participantes que puede derivar en un trastorno mental severo.

 

Josep Fornas, psicólogo en Vinaròs